Tal vez el núcleo central de lo que para mi es la singularidad de este oficio se encuentra en el valor simbólico que otorgo al violín, más allá de su funcionalidad. Fruto de una larga evolución, hecho a partir de materia viva, modelado en base a principios físicos y matemáticos, creado para vivir y para cantar, creo que representa la conjunción perfecta, el punto de encuentro entre la naturaleza, la experiencia y la sensibilidad artística. El momento histórico de su consolidación formal durante el siglo XVII es, en ese sentido, un momento especialmente afortunado. Encontraríamos muy pocos objetos, incluso dentro del catálogo organológico, que se hayan mantenido prácticamente idénticos a lo largo de los siglos. Cualquier intento de alteración en los materiales utilizados, las medidas, las proporciones o incluso, los elementos estéticos, ha concluido inevitablemente con el retorno a los cánones que establecieron los maestros de la escuela clásica cremonesa. La única modificación que hizo fortuna, y que obedecía más a los gustos de la época que a una mejora clara en el diseño, la constituyó el paso del montaje barroco al montaje moderno. Paradójicamente, en nuestros días, con el interés despertado por la interpretación con criterios históricos, algunos de aquellos instrumentos que fueron operados a principios del siglo XIX , son ahora retornados a su montaje original. El constructor, como lo hará después el intérprete, establece con el instrumento un diálogo, una relación. Desde mi punto de vista, este diálogo gira siempre alrededor de cuatro elementos que, en distintos momentos del proceso constructivo, polarizan su atención:
“Lo esencial es invisible a los ojos.” Antoine de Saint-Exupéry - El Principito.
UN ARTE SINGULAR
(C) 2017 Josep Carbonell Mestre in Barcelona me fecit.  Pàgina personal disponible des de març de 2000. Nova edició gener 2016. LA  FORMA EL TIEMPO LA MATERIA EL ESPÍRITU