SOBRE MI
(C) 2017 Josep Carbonell Mestre in Barcelona me fecit.  PÓgina personal disponible des de marš de 2000. Nova ediciˇ gener 2016.
Soy de Vic, y lo seré siempre, aunque mi vida ha transcurrido en Barcelona. Nací en 1953. Cuando tenía 7 u 8 años, un domingo por la mañana, acompañé a mi padre en la visita a un taller de lutiería. No sé por qué fuimos, ni exactamente dónde era. Recuerdo perfectamente la luz que entraba por la ventana, los instrumentos colgados y amontonados, el sonido del violoncello que estaban probando y, especialmente, aquel olor inconfundible, cuyo recuerdo me ha acompañado siempre. Hoy estoy convencido de que aquella atmósfera condicionó buena parte de lo que he deseado, he hecho y he sido. Estudié violín y viola en el Conservatorio de Barcelona. Los últimos años lo hice con el maestro Xavier Turull. Escuchando su Guadagnini aprendí a distinguir matices y atributos cualitativos en la sonoridad de los instrumentos. Poco a poco me di cuenta de que me interesaba la interpretación, pero aún me interesaba más el propio instrumento, que he visto siempre como un objeto vivo. Creo que me pasaba más horas mirando el violín que tocándolo y durante mi época de estudiante creo también que nunca llegué a imaginarme a mí mismo como violinista profesional. Mi atracción por la literatura violinística iba creciendo en la misma medida que crecía la fascinación por un objeto que continuo considerando como una de las creaciones más destacadas y afortunadas del ser humano. Me licencié en psicología clínica en la Universidad de Barcelona y trabajé durante muchos años en ámbitos relacionados siempre con la comunicación. Paralelamente continuaba vivo mi interés por la organología en general y los cordófonos en particular. Un dia de 1985 recibí una llamada telefónica. Era un conocido mío que me explicaba que un familiar suyo había muerto. Entre sus cosas habían encontrado un violín. Se dirigió a mí para que le orientara sobre el estado y la calidad del instrumento. Me lo llevé a mi casa.Tenía signos evidentes de haber permanecido muchos años encerrado en su estuche. Sus cuerdas, aún de tripa, estaban todas rotas. En este punto cabe aclarar que a mediados de los ochenta -a diferencia de lo que ocurre hoy- resultaba extraño encontrar un violín encordado con pura tripa. Había sido construido por un lutier parisino a mediados del siglo XVIII. Busqué el nombre de aquel autor en todos los diccionarios de lutiers, en todas las publicaciones que tenía a mano, y pregunté a quién pude. Nadie le conocía, nadie sabía nada de él. Y fue precisamente este hecho el que me fascinó... Había tenido en las manos anteriormente otros muchos instrumentos antiguos, pero no había experimentado hasta entonces aquella sensación. No era su antigüedad, no era la calidad constructiva ni sonora del instrumento. No eran su belleza ni su sonido. Lo que me fascinó fué el milagro de la pervivencia. Aquel mensaje que me había llegado de un modesto lutier francés totalmente olvidado me dio la clave, me explicó muchas cosas, y me hizo revivir sensaciones y emociones que venían de muy lejos. Fue entonces cuando comprendí que tenía una tarea pendiente. A principio de los noventa, cuando las circunstancias personales me lo permitieron, me puse en marcha para satisfacer aquello que casi podría calificar de sueño infantil y que se había convertido en proyecto de vida. Mediante un gran esfuerzo personal, la ayuda de algunas personas entre las que he de destacar mi propia família y el admirado lutier José Ángel Chacón Tenllado, maestro y amigo, pude pasar a la acción y comenzar mi propio camino como constructor. Cuando actualmente digo que el primer violín tardé cuarenta años en concluirlo, creo que no estoy exagerando. Tengo la suerte de vivir y trabajar en el corazón del Eixample barcelonés y me identifico plenamente con el espíritu de los artesanos del modernismo. La pasión por el detalle, la sensualidad de las formas y su asimétrico concepto de la perfección y la belleza, han sido también mis maestros. Recientemente he decidido repartir mi tiempo de trabajo entre Barcelona y Beceite, un pequeño y precioso pueblo catalanohablante de la comarca del Matarranya, vinculado también a mis orígenes. A Beceite he trasladado una parte de mi taller y ello me permite moverme actualmente entre la Barcelona modernista y la cautivadora y abrupta belleza de Els Ports. Como lutier centro mi trabajo en la construcción del violín y la viola. Son los instrumentos que puedo imaginar, construir y hacer sonar. Puedo probarlos personalmente en todos sus registros y, para mí, eso es importante. Mi formación en el método científico me aporta elementos para no entrar en las esotéricas explicaciones que en ocasiones se dan a fenómenos que pueden explicarse perfectamente desde la mecánica, la acústica y la técnica constructiva. Esta visión no me impide, sin embargo, creer profundamente que los violines tienen alma (no la de abeto, sino la otra). Y que esa alma tiene mucho que ver con las personas que lo crearon y le ayudaron a crecer.