El alma, el aliento vital, la personalidad. A pesar de la precisión de las formas y la recreación del modelo, como ocurre con los seres humanos, no existen dos instrumentos idénticos. El lutier, mediante el conocimiento, la habilidad, la técnica y la sensibilidad, puede predecir las propiedades acústicas del instrumento que está construyendo. Su personalidad, su respuesta en los diferentes registros, el color del sonido, deberá esperar tiempo para conocerlos. El nacimiento de un instrumento, como ocurre con los seres humanos, conlleva siempre una cuota de feliz incógnita.
EL ESPÍRITU
La construcción de la personalidad del instrumento no termina con el trabajo del lutier. El violín es un acumulador de experiencias y, a su vez, es dúctil y transformable, siempre dentro de los límites de sus potencialidades. La personalidad es la resultante de lo que recibió de su creador, modulado por la educación que ha recibido a lo largo de los años. Como ocurre con los seres humanos.
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